La ciencia ficción no es solo ciencia, ni inventos raros o novedosos. Es la ubicación de los hechos en un mundo, como Blaina, al que solo es posible llegar a través de los viajes espaciales. En la novela Madre Natura de mi autoría, ocurre una  boda peculiar. Aquí, un extracto:

Chamán, luego de recibir una afirmación de cabeza por parte de Ganter, levantó una batuta decorada con quemaduras, piedras incrustadas, plumas de aves y pedazos de huesos de animales; el silencio se hizo de inmediato. Luego golpeó con la batuta tres veces el piso, alzó la cara y soltó un grito descomunal, iniciando, oficialmente, la ceremonia. Del exterior llegó el sonido de decenas de pares de piernas dando comienzo a la carrera. Los hombres, guerreros en su mayoría, entraron en tropel y absoluto desorden, dando gritos clamando por su amada, mientras agarraban a cualquier mujer y al ver que no era la propia la empujaban, no muy gentilmente.

Por su parte las mujeres corrían gritando despavoridas, devolviendo empujones y apartándose de los hombres, forzándoles a esmerarse en la búsqueda. No había restos del orden de antes. Los espectadores estaban de pie recostados a las paredes del recinto, mientras en el medio los hombres perseguían a las mujeres y estas se escapaban pateando, aruñando y empujando, hasta que por fin la media naranja la encontraba y la dominaba, sometiéndola a su voluntad.

En la medida que eso ocurría, las parejas se sentaban en el suelo en el punto donde ocurrió el encuentro definitivo y permanecían quietas. Kirma seguía de pie y era la última. Su esposo, Fradik, sangraba por el lóbulo de una oreja y una gota de esa sangre corría por el mentón de Kirma, salpicada cuando ella lo mordió. Kirma decidió entregarse y dar fin al espectáculo. Se quedó tranquila y Fradik se le acercó. En vez de dominarla, le habló. El silencio que había en la estancia, permitió que todos, escucharan sus palabras.

-Por favor, mujer, virgen de estirpe guerrera; por favor, mujer, acepta ser la madre de mis hijos y por siempre te honraré, te protegeré y te querré.

Las palabras cantaban la fórmula establecida, con excepción de la última frase, que Fradik decidió agregar a última hora, para honrar a aquella mujer a la que él, no pudo dominar físicamente.

-Por favor, hombre, guerrero y cazador, dame pues tus hijos para así honrarte, acogerme a tu protección y quererte para siempre, como nadie, ¡nunca!, podrá hacerlo. –Kirma bajó la cabeza en señal de humildad y obediencia, y Fradik le tomó la barbilla y le alzó la cara, que brillaba con el sudor de la cacería, mezclado con la excitación del momento–.

Las mujeres y hombres que estaban en el suelo se levantaron y fueron abrazando a sus parejas. La última en hacerlo fue Kirma que se acercó a su marido, le tomó por la cintura y le besó el pecho sudoroso a la vez que le decía:

-Soy tuya Fradik.

Los espectadores irrumpieron en vivas, loas, saludos risas y llantos, formando una cordial algarabía. Pronto los padres, hermanas y hermanos de los novios, les rodeaban, abrazaban y besaban en un jolgorio sostenido. Minutos más tarde, un nuevo clima de urgencia se apoderó de las parejas que se separaron del grupo y salieron corriendo hacia las viviendas preparadas para ese momento. El resto de las personas, los invitados a la boda, se dirigieron a las afueras del pueblo, adonde habían preparado un terreno grande que albergaría a los miles de invitados, quienes representaban a centenares de tribus blainianas.

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