-¿Estás seguro de que va a funcionar? —Preguntó Miguel—.

-¡Claro que sí! —Exclamó Federico—. Todo está fríamente analizado, revisado y comprobado en cada una de sus partes durante cada fase de la producción. —Terminó con aires de haber dictado una clase magistral—.

-Toma. —Dijo entregándole una pieza—.

-Explícame qué veo aquí. —Dijo Miguel—. -Esta unidad está compuesta por dos piezas, la superior es un prisma de diamante que concentra la radiación sideral sobre la segunda parte, que es el platillo de carbonos, que absorbe la radiación y la conduce directo al transformador, tanto por cable como por rayo apuntable. La opción del cable se desarrolló pensando en usos auxiliares de emergencia.

-Muy interesante. —Dijo Miguel sin comprometerse con algo—. Y los niveles de energía aprovechable, ¿serán suficientes? -Los algoritmos de optimización para la formulación del concepto, determinaron que podemos incrementar la energía, hasta el infinito, siempre y cuando haya vacío. —Federico volvía a asumir una postura académica—. Haciendo algunas transpolaciones con otros datos conocidos, sobre la superficie del planeta solo se podría incrementar la energía hasta en un millón doscientas mil veces su potencia comparada con cualquier generador en existencia.

-Vaya, estoy realmente sorprendido. —Miguel se rascaba la barbilla con la cabeza inclinada sobre el pecho—. Me pregunto… —Dijo con tono pensativo y misterioso—… ¿Habéis hecho pruebas de generación magnética?

-Solo modelos teóricos, dado que este colector de energía se diseñó para alcanzar los requerimientos del equipo por usted diseñado. —Federico contestó con toda la observancia del protocolo comprador vendedor—. Hemos construido un equipo de pruebas basado en su diseño, después de una generosa disminución de su tamaño y propiedades. Pero no os preocupéis; funcionará en proporción exacta con el original de su diseño.

-Prosigamos, entonces, a la prueba. —Ordenó Miguel—.

En el laboratorio con forma de cúpula, el banco de pruebas, ubicado en el centro, esta rodeado por las paredes contenedoras, destinado protegerles en caso de fallas, que esperaban no tener que enfrentar. El tope de la cúpula era un prisma que se abriría para dejar entrar la radiación sideral para que el prisma la captase. A un lado, dos anillos enfrentados concentrarían la energía y la optimizarían, generando un campo magnético que esperaban poder controlar desde la consola.

-Activando la cúpula. —Dijo Miguel al tiempo que pulsaba un comando que abría la cúpula. De inmediato el prisma comenzó a brillar con energía inusitada—.

-¿Adónde va esa energía? —Inquirió Miguel—.

-De momento a los acumuladores generales del laboratorio que ya se alimenta completamente con solo dos prismas de esos.

-Más que interesante. —Miguel volvió a rascarse la barbilla, luego pulsó sobre la consola que tenía al frente y una serie de luces parpadearon, mostrando resultados de análisis del sistema al encenderse. Finalmente, cuando todas estuvieron verde, Miguel presionó sobre el botón rojo, dando inicio a la generación magnética y por últimos todos los botones estuvieron verdes. El sistema generaba magnetismo y por que lo observaba, más del necesario para este experimento.

-Si entendí todo correctamente, por los anillos corre la energía colectada con el prisma? —Miguel miró a los ojos del otro hombre—.

-Ciertamente.

-¿Y corren en el mismo sentido?

-Sí —dijo Federico atusándose un ojo con el nudillo del índice—.

-Los resultados son óptimos, pero una de las cosas que quiero probar es cruzar las fuentes energía con ligeros desfases. ¿Es posible? —Miguel estaba completamente serio, con la mirada fija sobre la cara del otro—.

-Completamente. —Replicó Federico con la mayor seriedad y convicción—.

-Adelante. —Ordenó Miguel—.

-Invirtiendo el flujo de energía en el anillo dos. —Federico tenía la vista fija en su consola—. Estable. Solo intentaremos con un pulso de un nanosegundo—. Activando pulso. Ninguno de aquellos hombres esperaba lo vieron ocurrir. De los anillos salió un rayo, en ambos sentidos, causando una explosión de energía que perforó las paredes del laboratorio con un minúsculo hueco. De inmediato se encendieron todas las alertas de todas las consolas y comenzaron a sonar dos tipos diferentes de alarmas, causando dolor de oídos.

-¡Mierda! —Exclamó Federico, pulsando una larga secuencia de comandos sobre su consola. Luego se volteó a mirar a Miguel—. El reactor está perforado y tenemos cuarenta minutos antes de que estalle todo esto en una mini nova, debemos darnos prisa.

-¿A qué esperamos, entonces? —Preguntó Miguel con sangre helada como el nitrógeno líquido—.

-Descargando los archivos, después a correr.

-¿Adónde? Federico pulsó de nuevo una secuencia más corta y regresó su mirada al otro hombre.

-Allí. —Dijo apuntando a dos huecos que se abrieron en el piso detrás de ellos—. De pie, ahora. —Y Federico se lanzó de por el tubo que lo succionó. Miguel no esperó y le siguió por el otro tubo.

* * *

-Debería estallar ahora. —Dijo Federico mientras las pantallas de la nave que les había sacado del laboratorio mostraban la explosión del satélite que lo había albergado—.

-¿Nos veremos afectados?

-Salvo tener que tomar pastillas contra la radiación por algunos meses, no creo. —Federico miró con curiosidad a su empleador—.

-¿Los datos?

-A salvo todos — Dijo Federico mostrando el cubo de un Exabyte de capacidad, algo más de un millón de terabytes—. ¿Adónde vamos ahora?

Miguel tomó una laminilla de junto a su asiento, la puso sobre su portátil, que le envolvía el brazo derecho, que mostraba gráficos y números siderales. La laminilla copió el plan de vuelo, Miguel la retiró y se la entregó a Federico que la colocó sobre el monitor principal de la nave y de inmediato se transfirió. La cabeza de él se levantó de golpe y miró a Miguel.

-Está lejos… Dijo sorprendido—… Llegaremos en tres semanas.

-Lo sé, ahora a dormir hasta llegar.

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