Guillermo José Whaite UnceínQué va uno a pensar que un hijo de veintitrés años moriría. De pronto la luna se desprendió del cielo y cayó sobre mi. ¡Cataplum! La vida me golpeó; y no solo a mi, sino a todos sus parientes consanguíneos y amigos.  A todos nos cayó la luna encima. Que vaina, ¡carajo!

Huella indeleble dejó, en todos a quiénes nos brindó  su encanto, su amistad;  su cariño y amor. Creo que Guillermo José Whaite Unceín, era único en su carácter y forma de vivir. Sin embargo, como todos nosotros, tampoco era perfecto.

Dejó un hueco muy grande y difícil de llenar, ¡Dios nuestro!

Renunció a pensar como el católico que fui educado, religión que descarté al comprobar los abusos que algunos sacerdotes cometían, amparados en las faldas de sus sotanas. Si aceptara el pensamiento católico, Guillermo debería resucitar de entre los muertos el día del Juicio final. Prefiero pensar como en el budismo tibetano y que el espíritu de mi hijo retornará a los cuarenta y nueve días para iniciar el siguiente ciclo evolutivo de su existencia espiritual. ¡Por Dios que sí!

Sencillamente, no tengo mas palabras.

Por favor, Les invito a escuchar esta bonita canción de despedida.

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