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La escritura creativa o basura mental

De la poesía a la ciencia ficción

mes

junio 2013

Cooperación – cuento corto, cortito

Ciudad Bolívar
Ciudad Bolívar

En 1987 escribí varios cuentos realmente cortos. La mayoría no sirvieron más que para hacerme practicar la escritura, todavía con papel y tinta. Había utilizado en varias oportunidades el nombre de Una quimera para el encabezado de mis cuentos, que se publicaban en una revista mensual que corría inserta en el periódico El Expreso de Ciudad Bolívar, un domingo cada mes. Basé el nombre de quimera en una acepción de la RAE: “Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo”. Con ese espíritu en mente, escribí este mini cuento.

Cooperación

-Puede funcionar. –Dijo él–.

-Tal vez –replicó ella burlona–, si pones algo de empeño.

-A ver –comenzó de inmediato él–, pero exijo que me ayudes, no puedo hacerlo solo.

-Comencemos –dijo ella emocionada–, mete eso por aquí.

Así lo hizo él.

-Ya está, ¿y ahora? –Respondió–.

-Pon tu dedo aquí y… –Ella se estremeció–. Ah ah ah ai.

Después de sonar un poco, giró la leva, los pistones se movieron, el motor tosió un par de veces y prendió.

Ojos que no vi – poesía

El encuentro de dos ríos poderosos, como el Caroní al Orinoco, seguramente hace que el choque desprenda cantidad de iones, o lo que fuese, que impacta en las personas. Aquellas emanaciones seguramente me afectaban de sobremanera aquel día, cuando me topé de frente con una mujer y me perdí en la inmensidad de su mirada. Con el paisaje del Salto de la Llovizna en el río Caroní, vi:

Ojo violeta

Rosado sobre rosa, ternura sobre tersura.

Al levantar la mirada, ¡Dios mío!

Ni siquiera recuerdo, el color de sus ojos.

Solo recuerdo, ojos, impresionantes, bellos.

No vi su mirada,

muy sorprendido estaba,

no imagino qué ocurrió,

no supe más de mí,

me perdí en la inmensidad,

de esos ojos.

Tus ojos.

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