Morichal, Guárico
Morichal, Guárico

Era constante en mí, inspirarme en mis sentimientos para escribir poesía. La más de las veces, estos sentimientos eran atizados por breves amores de juventud. Una vez, en 1983, viajé al fundo Bel Campo en el estado Guárico, junto con otros tres cazadores. Había sido invitado a participar en una cacería de aves y conejos. Llegamos al lugar después de medio día, con la permisología al día, las escopetas limpias y los bolsillos llenos de cartuchos, y nos fuimos a cazar perdices alrededor de una lagunita, para prepararlas en salsa y con espaguetis cenar esa noche. Nos pusimos de acuerdo para no dispararnos unos a otros, caminamos a nuestras respectivas posiciones y cada quien se dedicó a esperar que las perdices pasaran por delante para disparar. Después de haber cazado mi cuota, me quedé admirando el paisaje hasta la hora acordada (por aquellos de las balas perdidas). El morichal por el que corría el arroyo que llenaba la laguna, me encantó. Y como había una persona encantadora en mi vida, por aquellos días, la musa hizo acto de presencia y me inspiré.

 Tu, mi lucero

En medio del morichal llanero

miraba yo el hermoso atardecer

que alumbraba los senderos

de ese paisaje guariqueño.

Y, al caer el sol

vi una estrella, solitaria

a ella pedí un deseo

y me mostró el mundo entero.

Hazme feliz, mi lucero

brilla para mi,

como el espacio entero

e ilumina mi existencia.

Al llegar las sombras

vi encenderse en el cielo

cien mil millones de estrellas

que brillaban para mí

como brillas tu, mi lucero.

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