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La escritura creativa o basura mental

De la poesía a la ciencia ficción

mes

mayo 2013

Tu, mi lucero – poesía

Morichal, Guárico
Morichal, Guárico

Era constante en mí, inspirarme en mis sentimientos para escribir poesía. La más de las veces, estos sentimientos eran atizados por breves amores de juventud. Una vez, en 1983, viajé al fundo Bel Campo en el estado Guárico, junto con otros tres cazadores. Había sido invitado a participar en una cacería de aves y conejos. Llegamos al lugar después de medio día, con la permisología al día, las escopetas limpias y los bolsillos llenos de cartuchos, y nos fuimos a cazar perdices alrededor de una lagunita, para prepararlas en salsa y con espaguetis cenar esa noche. Nos pusimos de acuerdo para no dispararnos unos a otros, caminamos a nuestras respectivas posiciones y cada quien se dedicó a esperar que las perdices pasaran por delante para disparar. Después de haber cazado mi cuota, me quedé admirando el paisaje hasta la hora acordada (por aquellos de las balas perdidas). El morichal por el que corría el arroyo que llenaba la laguna, me encantó. Y como había una persona encantadora en mi vida, por aquellos días, la musa hizo acto de presencia y me inspiré.

 Tu, mi lucero

En medio del morichal llanero

miraba yo el hermoso atardecer

que alumbraba los senderos

de ese paisaje guariqueño.

Y, al caer el sol

vi una estrella, solitaria

a ella pedí un deseo

y me mostró el mundo entero.

Hazme feliz, mi lucero

brilla para mi,

como el espacio entero

e ilumina mi existencia.

Al llegar las sombras

vi encenderse en el cielo

cien mil millones de estrellas

que brillaban para mí

como brillas tu, mi lucero.

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Una quimera: el fusilamiento de Manuel Piar

Atardecer  en el Orinoco
Atardecer en el Orinoco

Vivía entonces, en Ciudad Bolívar. La gloriosa Angostura, donde el Libertador Simón Bolívar, vio nacer la Tercera república. Me gustaba contemplar los atarcederes desde el mirador cerca de la Casa de las doce ventanas. Desde allí, encaramado en una piegra grande, se podía apreciar el majestuoso Orinoco y el astro rey, Sol, hundiéndose en el río padre detrás del puente de Angostura.
La explosión de colores en el cielo, me hacía recordar un poco a aquellas locas experiencias psicotomiméticas que organizaba el famoso Capi Donzela en la Caracas de finales de la década 60 del siglo pasado. Ese era el paisaje que podía disfrutar, a apenas cinco minutos en carro, desde mi oficina o casa.

Conocí la biblioteca Bolivariana y me empeciné en escribir un cuento histórico y tomé como tema, nada menos y nada más, que el fusilamiento de Manuel Piar. Fue un proyecto de varios meses de investigación de sólo una tarde a la semana; más o menos tres horas cada día. Tres meses me llevó, en medio de tanta historia maravillosa. La gesta independentista. El cuento fue publicado en el vespertino La Tarde de Ciudad Bolívar y luego en Aporrea, bajo el título:

Una quimera: el fusilamiento de Manuel Piar

“Nada quedaba que desear a un jefe que había obtenido los grados más eminentes de la milicia. La Segunda Autoridad de la República, que se hallaba vacante, de hecho, por la disidencia del General Mariño, iba a serle confiada, antes de su rebelión; pero este general que sólo aspiraba al mando supremo, formó un designio más atroz que puede concebir un alma perversa. No sólo la guerra, sino la anarquía y el sacrificio más inhumano de sus propios compañeros y hermanos, se había propuesto Piar”.
Simón Bolívar, Angostura, 18 de octubre de 1817. 

Bolívar se paseaba incesantemente por la estancia que ocupaba, esperando la hora de la ejecución de Piar. La suma de los acontecimientos recientes le habían afectado más allá de lo normal. Sus tacones golpeaban con fuerza la madera del piso, retumbando sus pasos en las paredes y techo de la habitación. Pasaban raudos por su mente, los recuerdos de la batalla de Cabrián, que comenzó con el sitio de Angostura por parte de los Generales Bermúdez y Cedeño; mientras que Guayana la Vieja se enfrentaba a Valdez, Arrioja, Blanco, Pedro León Torres y otros bajo su mando. Seguir leyendo “Una quimera: el fusilamiento de Manuel Piar”

Ojos voladores – cuento de ciencia ficción

Ojos espacialesLos autores de ciencia ficción se divierten inventando criaturas extraterrestres que siempre están dispuestas a acabar con la humanidad, bien sea por la violencia o con la burla e intolerancia, como muy bien lo escribió Frederick Brown en su obra Marciano, ¡vete a casa! En esta pequeña pieza, Ojos voladores, quise presentar al lector un par de alienígenas que alimentaban o recargaban su fuente de energía, con los líquidos oculares de los animales. En esta ocasión, le tocó a Felipe, después de beber cerveza con sus amigo. que lo disfruten.

Ojos voladores

Felipe llegó a su casa pasada la media noche. Había estado con unos amigos bebiendo cerveza y comentando el juego de béisbol. Una vez dentro de la casa, fue a la cocina y encontró en la nevera, como de costumbre, un plato envuelto en papel de aluminio: su cena. Su viejita lo cuidaba como si fuese un muchacho chiquito.

Comió rápido y sin hacer ruido para no despertarla, dejó los platos en el fregadero y los roció con agua para evitar las hormigas y chiripas. Subió a su habitación, la única en la planta alta; en realidad, un cuartucho que se había construido en el techo, se quitó la ropa y se echo en la cama, durmiéndose rápidamente.

Un suave murmullo le despertó. Venía de fuera. Era como el ruido generado por el cable de la electricidad, cuando estaba sobrecargado. Poco a poco, el mismo sonido le adormeció y continuó durmiendo sin soñar. De nuevo le despertó el murmullo. Dos esferas negras con un punto de luz azul palpitante orbitaban sobre su cama. Una de ellas se disparó y casi choca contra la pared en el extremo del cuarto, para regresar y continuar orbitándole junto con su compañera.

Felipe se preguntó qué serían aquellas cosas, de dónde vendrían, porque nunca jamás en su vida había visto cosa similar. Intentó hablar, pero la modorra le invadió el cuerpo y de nuevo cerro los ojos, mientras un pensamiento le invadía la mente. Estaba bajo del efectos del licor ingerido y estaba teniendo pesadillas.

De nuevo despertó, alertado por el zumbido, que había subido de tono un par de octavas y se hacía más agudo con cada revolución sobre su cabeza. Las luces azules comenzaron a pulsar y, de golpe, se hizo el silencio. Los ojos voladores detuvieron su vuelo y enfocaron los dos palpitantes puntos de luz directamente a los ojos de Felipe, quien sintió como si le estuvieran pinchando el cerebro con millares de agujas. Luego, un par de rayos rojos, brillantes y chisporreteantes, salieron disparados de aquellos objetos e impactaron las pupilas de Felipe. Pocos segundo después. Los rayos rojos desaparecieron y después de haber recargado combustible, las dos pequeñas naves espaciales, regresaron por donde habían venido.

En la laguna de Canaima – poesía

Laguna de Canaima
Laguna de Canaima

Un día de marzo de 1984 me encontraba cazando oportunidades de trabajo como guía turístico free-lance. Acostumbraba visitar el entonces hotel Intercontinental Guayana (hoy Venetur) y allí siempre había oportunidad para encontrar algo interesante. Unos amigos, quienes administraban una empresa de turismo cuya sede estaba en el hotel, me ofrecieron y trabajito singular. Acompañar a una dama europea en un viaje a Canaima. Después de aquel hermoso viaje, no me quedó otra cosa que recordar algunas de las cosas que sentí, en aquella oportunidad.

Cae la noche y se escucha el canto,

de los seres vivientes nocturnos,

entre todos destaca una voz

vibrante, armoniosa y clara;

una risa cristalina y contenta

que contagia la alegría

de una vida sencilla

que ayuda a otros

a enaltecer los principios de la vida

logrando de esa manera

que en un corazón triste y solitario

haya esperanza, alegría y, por qué no

¡felicidad!

Buriel: mini cuento de ciencia ficción

Galaxia llana NGC 3621
Galaxia llana NGC 3621

Cuando comencé a escribir ciencia ficción, lo hice en forma de cuentos cortos, de rápida resolución. No había tanto ciencia como sí ficción, pero ya tenía las intenciones de desarrollarme en el género. He aquí, uno de los primeros.

Buriel

El sol brilla anaranjado, al final de la tarde, ocultándose tras las montañas, mientras un caudaloso torrente de agua, rompe la armonía natural, que se produce durante el ocaso. Buriel acechaba cacería que sirviera de alimento a los suyos, oculto en la espesa vegetación que cubre la orilla del río.

En su tribu, es considerado como el mejor cazador y el más temido, en gran parte por su habilidad con dos grandes y afilados cuchillos que siempre lleva colgados de sus muslos. Buriel también ejerce la jefatura de la tribu, con la misma agilidad y certeza con la que desarrolla una cacería.

La intensidad de la luz disminuyó hasta oscurecer el cielo, en medio de un silencio sepulcral, en el que incluso los sonidos normales de la naturaleza estaban ausente en este fatídico atardecer. Buriel miró hacia arriba y espantado, se quedó inmóvil. Jamás en su existencia, había visto tal fenómeno. Millares de resplandecientes objetos, flotaban silenciosamente en el aire, acercándose cada vez más, a la superficie del planeta.

Mientras Buriel empleaba todas sus energías, en correr hacia su campamento, cientos de naves hicieron contacto con la superficie del planeta, levantando una gran polvareda. Antes que esta se asentara, de cada objetos descendían miles de hombres acorazados, armados con poderosos rayos, destruyendo todo a su paso. Ya cerca del campamento, Buriel pudo observar que la defensa era un fútil intento por impedir que los invasores llegaran a las cuevas, en las que se refugiaban mujeres, niños y ancianos. La masacre era despiadada. La civilización de este planeta, aún no desarrollaba tecnología alguna. Vivían en un estado primitivo y sus únicas armas eran cuchillos, lanzas, palos y piedras.

Al llegar al campo de batalla, Buriel dirigió su ataque hacia un gran guerrero que sobresalía de los demás, no solo por su tamaño, sino por su ferocidad. Al cercarse a su victima, Buriel disparó una lanza que golpeo al guerrero en el pecho, rebotando sin causarle daño alguno. Luego tomó fuertemente sus cuchillos, y de un gran salto se colocó frente al guerrero. Este, sin demora alguna, respondió al reto abrazando con fuerza a Buriel. De la coraza metálica del invasor, salieron afiladas púas, que penetraron sin resistencia alguna, en el cuerpo de Buriel. Con sobrehumano esfuerzo, Buriel dejó escapar un pavoroso grito de guerra al tiempo que hundía sus armas en los ojos del invasor, causándole la muerte inmediata.

La sangre de Buriel, regó la tierra por la que lucharon y murieron tantos, en un desesperado intento por preservar la especie.

Ojos negros, piel canela – poesía

Orquidea
Orquidea

A las muchachas les encanta la poesía, el romanticismo, el cariño y el amor.  Siempre me inspiré en ellas, para escribirles mientras las cortejaba.  Esta se la dediqué a una hermosa mujer latinoamericana. Eso que llaman raza mixta en este lenguaje “políticamente correcto”, en el que en ocasiones, se pierde la autenticidad del pensamiento.

A ella.

Reverdece la campiña

y en toda nuestra patria

se oye el canto amoroso,

de nuestras hermosas aves.

Llegó el invierno

dicen en el llano

pero en realidad,

es primavera.

Época de gran belleza

con el abrir de muchas flores,

bella es nuestra relación

que comienza esta primavera.

Tu, eres mi flor,

flor primaveral

de grato olor,

bellos colores.

Pelo negro,

ojos negros,

piel canela.

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