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La escritura creativa o basura mental

De la poesía a la ciencia ficción

Raptar para esclavizar

Como en la vida misma, cada escena debe tener su poco de acción y en el caso de la boda en Blaina, al final del mismo evento comienzam los eventos violentos; como la humanidad misma.

* * *

A punto del atardecer, jóvenes de todas las tribus encendían las antorchas que iluminaban el centro del descampado, adonde se celebraría el banquete. Ya los novios, todos exultantes, formaban un círculo en el centro. Los mayores libaban libremente y muchos, si no la mayoría ya estaban ebrios, de tanto brindar en las rondas realizadas durante toda la tarde mientras esperaban el final del día para dar comienzo a la celebración. Brindis iban y venían en la medida que la oscuridad caía sobre la fiesta. Seguir leyendo “Raptar para esclavizar”

Una boda especial

La ciencia ficción no es solo ciencia, ni inventos raros o novedosos. Es la ubicación de los hechos en un mundo, como Blaina, al que solo es posible llegar a través de los viajes espaciales. En la novela Madre Natura de mi autoría, ocurre una  boda peculiar. Aquí, un extracto:

Chamán, luego de recibir una afirmación de cabeza por parte de Ganter, levantó una batuta decorada con quemaduras, piedras incrustadas, plumas de aves y pedazos de huesos de animales; el silencio se hizo de inmediato. Luego golpeó con la batuta tres veces el piso, alzó la cara y soltó un grito descomunal, iniciando, oficialmente, la ceremonia. Del exterior llegó el sonido de decenas de pares de piernas dando comienzo a la carrera. Los hombres, guerreros en su mayoría, entraron en tropel y absoluto desorden, dando gritos clamando por su amada, mientras agarraban a cualquier mujer y al ver que no era la propia la empujaban, no muy gentilmente. Seguir leyendo “Una boda especial”

Colector de energía

-¿Estás seguro de que va a funcionar? —Preguntó Miguel—.

-¡Claro que sí! —Exclamó Federico—. Todo está fríamente analizado, revisado y comprobado en cada una de sus partes durante cada fase de la producción. —Terminó con aires de haber dictado una clase magistral—.

-Toma. —Dijo entregándole una pieza—.

-Explícame qué veo aquí. —Dijo Miguel—. -Esta unidad está compuesta por dos piezas, la superior es un prisma de diamante que concentra la radiación sideral sobre la segunda parte, que es el platillo de carbonos, que absorbe la radiación y la conduce directo al transformador, tanto por cable como por rayo apuntable. La opción del cable se desarrolló pensando en usos auxiliares de emergencia.

-Muy interesante. —Dijo Miguel sin comprometerse con algo—. Y los niveles de energía aprovechable, ¿serán suficientes? Seguir leyendo “Colector de energía”

Ciclos de vida

Guillermo José Whaite UnceínHa pasado casi un mes desde que mi hijo dejó esta vida. Cada día que pasa me hago miles de preguntas, buscando respuestas que expliquen, no solo lo sucedido, sino lo que a diario, me sucede. El dolor es como un mar que se acerca a la playa y cubre la arena. Se retira y repite; y repite; y repite… algo sin fin. En ocasiones siento como el manto del dolor me cubre y entumece mis sentidos. Oigo las cosas a los lejos. La vista se me pierde en la lontananza, buscando recuerdos. Mi mente se siente tullida. Mi cuerpo funciona a media marcha y la debilidad física pesa sobre los hombros, desde que amanece hasta el siguiente amanecer.

Uno, diez, un millón de por qué acuden a mi mente cada día, atropellando y sacando  cualquier otro pensamiento no relacionado con mi hijo Guillermo José, que ya no está con nosotros y su partida nos tomó por sorpresa a todos. Cada vez que retomo mis pensamientos ordinarios de la vida, miles de qué pude haber hecho y no hice, para que su muerte no ocurriera. Es el dolor que me habla, me aturde, me envuelve y me aprieta, ahogándome poco a poco.

Pero la vida es un ciclo que hay que cumplir. Lo que está predestinado, será. Hay que aceptarlo y continuar viviendo. Todos los días me digo que debo encontrar algo por lo que sonreír, por lo que sentir alegría de vivir nuevamente y me permita sacudirme el manto opresor del dolor de manera que pueda reencontrarme con mi vida diaria y poder disfrutar el amor de los hijos que aun me quedan.

Y allí, en la vida diaria, encuentro que todo sigue, todo continúa, nada se detiene para quienes sobrevivimos a nuestros seres queridos que de una u otra forma, se marcharon a abrir brechas y ser baquianos para guiarnos cuando sea nuestro turno de enfrentar el destino. Los perros de la casa me hacen reír un poco cada día, los pericos y loros que cada tarde sobrevuelan  por sobre mi casa, alborotando con sus gritos; un niño cualquiera que me mira mientras camino triste y su alegre sonrisa permite que una tímida mueca aflore en mis labios. Lo que he descubierto es que cada vez que logro sonreír y apreciar la vida, tengo una herramienta para tolerar el dolor de la pérdida y retomar mi vida. Porque aunque la vida se detuvo para Guillermo, aun continua para los demás.

El famoso compositor y guitarrista, Eric Clapton compuso una canción para su pequeño hijo que falleció en un infortunado accidente en Londres, el 20 de marzo de 1991. Lágrimas en el cielo. Les invito a escucharla y recordar un poco a  Guillermo que nos dejó demasiado joven.

Golpes de vida

Guillermo José Whaite UnceínQué va uno a pensar que un hijo de veintitrés años moriría. De pronto la luna se desprendió del cielo y cayó sobre mi. ¡Cataplum! La vida me golpeó; y no solo a mi, sino a todos sus parientes consanguíneos y amigos.  A todos nos cayó la luna encima. Que vaina, ¡carajo!

Huella indeleble dejó, en todos a quiénes nos brindó  su encanto, su amistad;  su cariño y amor. Creo que Guillermo José Whaite Unceín, era único en su carácter y forma de vivir. Sin embargo, como todos nosotros, tampoco era perfecto.

Dejó un hueco muy grande y difícil de llenar, ¡Dios nuestro!

Renunció a pensar como el católico que fui educado, religión que descarté al comprobar los abusos que algunos sacerdotes cometían, amparados en las faldas de sus sotanas. Si aceptara el pensamiento católico, Guillermo debería resucitar de entre los muertos el día del Juicio final. Prefiero pensar como en el budismo tibetano y que el espíritu de mi hijo retornará a los cuarenta y nueve días para iniciar el siguiente ciclo evolutivo de su existencia espiritual. ¡Por Dios que sí!

Sencillamente, no tengo mas palabras.

Por favor, Les invito a escuchar esta bonita canción de despedida.

Cooperación – cuento corto, cortito

Ciudad Bolívar
Ciudad Bolívar

En 1987 escribí varios cuentos realmente cortos. La mayoría no sirvieron más que para hacerme practicar la escritura, todavía con papel y tinta. Había utilizado en varias oportunidades el nombre de Una quimera para el encabezado de mis cuentos, que se publicaban en una revista mensual que corría inserta en el periódico El Expreso de Ciudad Bolívar, un domingo cada mes. Basé el nombre de quimera en una acepción de la RAE: “Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo”. Con ese espíritu en mente, escribí este mini cuento.

Cooperación

-Puede funcionar. –Dijo él–.

-Tal vez –replicó ella burlona–, si pones algo de empeño.

-A ver –comenzó de inmediato él–, pero exijo que me ayudes, no puedo hacerlo solo.

-Comencemos –dijo ella emocionada–, mete eso por aquí.

Así lo hizo él.

-Ya está, ¿y ahora? –Respondió–.

-Pon tu dedo aquí y… –Ella se estremeció–. Ah ah ah ai.

Después de sonar un poco, giró la leva, los pistones se movieron, el motor tosió un par de veces y prendió.

Ojos que no vi – poesía

El encuentro de dos ríos poderosos, como el Caroní al Orinoco, seguramente hace que el choque desprenda cantidad de iones, o lo que fuese, que impacta en las personas. Aquellas emanaciones seguramente me afectaban de sobremanera aquel día, cuando me topé de frente con una mujer y me perdí en la inmensidad de su mirada. Con el paisaje del Salto de la Llovizna en el río Caroní, vi:

Ojo violeta

Rosado sobre rosa, ternura sobre tersura.

Al levantar la mirada, ¡Dios mío!

Ni siquiera recuerdo, el color de sus ojos.

Solo recuerdo, ojos, impresionantes, bellos.

No vi su mirada,

muy sorprendido estaba,

no imagino qué ocurrió,

no supe más de mí,

me perdí en la inmensidad,

de esos ojos.

Tus ojos.

Tu, mi lucero – poesía

Morichal, Guárico
Morichal, Guárico

Era constante en mí, inspirarme en mis sentimientos para escribir poesía. La más de las veces, estos sentimientos eran atizados por breves amores de juventud. Una vez, en 1983, viajé al fundo Bel Campo en el estado Guárico, junto con otros tres cazadores. Había sido invitado a participar en una cacería de aves y conejos. Llegamos al lugar después de medio día, con la permisología al día, las escopetas limpias y los bolsillos llenos de cartuchos, y nos fuimos a cazar perdices alrededor de una lagunita, para prepararlas en salsa y con espaguetis cenar esa noche. Nos pusimos de acuerdo para no dispararnos unos a otros, caminamos a nuestras respectivas posiciones y cada quien se dedicó a esperar que las perdices pasaran por delante para disparar. Después de haber cazado mi cuota, me quedé admirando el paisaje hasta la hora acordada (por aquellos de las balas perdidas). El morichal por el que corría el arroyo que llenaba la laguna, me encantó. Y como había una persona encantadora en mi vida, por aquellos días, la musa hizo acto de presencia y me inspiré.

 Tu, mi lucero

En medio del morichal llanero

miraba yo el hermoso atardecer

que alumbraba los senderos

de ese paisaje guariqueño.

Y, al caer el sol

vi una estrella, solitaria

a ella pedí un deseo

y me mostró el mundo entero.

Hazme feliz, mi lucero

brilla para mi,

como el espacio entero

e ilumina mi existencia.

Al llegar las sombras

vi encenderse en el cielo

cien mil millones de estrellas

que brillaban para mí

como brillas tu, mi lucero.

Una quimera: el fusilamiento de Manuel Piar

Atardecer  en el Orinoco
Atardecer en el Orinoco

Vivía entonces, en Ciudad Bolívar. La gloriosa Angostura, donde el Libertador Simón Bolívar, vio nacer la Tercera república. Me gustaba contemplar los atarcederes desde el mirador cerca de la Casa de las doce ventanas. Desde allí, encaramado en una piegra grande, se podía apreciar el majestuoso Orinoco y el astro rey, Sol, hundiéndose en el río padre detrás del puente de Angostura.
La explosión de colores en el cielo, me hacía recordar un poco a aquellas locas experiencias psicotomiméticas que organizaba el famoso Capi Donzela en la Caracas de finales de la década 60 del siglo pasado. Ese era el paisaje que podía disfrutar, a apenas cinco minutos en carro, desde mi oficina o casa.

Conocí la biblioteca Bolivariana y me empeciné en escribir un cuento histórico y tomé como tema, nada menos y nada más, que el fusilamiento de Manuel Piar. Fue un proyecto de varios meses de investigación de sólo una tarde a la semana; más o menos tres horas cada día. Tres meses me llevó, en medio de tanta historia maravillosa. La gesta independentista. El cuento fue publicado en el vespertino La Tarde de Ciudad Bolívar y luego en Aporrea, bajo el título:

Una quimera: el fusilamiento de Manuel Piar

“Nada quedaba que desear a un jefe que había obtenido los grados más eminentes de la milicia. La Segunda Autoridad de la República, que se hallaba vacante, de hecho, por la disidencia del General Mariño, iba a serle confiada, antes de su rebelión; pero este general que sólo aspiraba al mando supremo, formó un designio más atroz que puede concebir un alma perversa. No sólo la guerra, sino la anarquía y el sacrificio más inhumano de sus propios compañeros y hermanos, se había propuesto Piar”.
Simón Bolívar, Angostura, 18 de octubre de 1817. 

Bolívar se paseaba incesantemente por la estancia que ocupaba, esperando la hora de la ejecución de Piar. La suma de los acontecimientos recientes le habían afectado más allá de lo normal. Sus tacones golpeaban con fuerza la madera del piso, retumbando sus pasos en las paredes y techo de la habitación. Pasaban raudos por su mente, los recuerdos de la batalla de Cabrián, que comenzó con el sitio de Angostura por parte de los Generales Bermúdez y Cedeño; mientras que Guayana la Vieja se enfrentaba a Valdez, Arrioja, Blanco, Pedro León Torres y otros bajo su mando. Seguir leyendo “Una quimera: el fusilamiento de Manuel Piar”

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